Melancolía

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TITULO II Recuerdos de infancia

Página 43

Tristeza

La lluvia, siempre la lluvia

La lluvia golpeaba furiosa el tejado de madera y se deslizaba ruidosa por canaletas y alcantarillas de la vieja escuela; y el viento…

     No era muy alto, y no recuerdo el rostro bajo el sombrero gris; tampoco sé si estaba triste. Cerró la puerta mosquitera, tomo la valija y la subió al Chevrolet doble faetón, así le decían, color ladrillo.

     Mi madre lo observaba silenciosa con sus ojos oscuros serenos y seguros; ella si estaba triste. Omar estaba apoyado en la columna de hierro que sostenía el alero del pasillo, inexpresivo, algo enojado; si; quizás estaba enojado, no puedo asegurarlo; siempre había sido muy hábil en eso de esconder; o simplemente era su prematura madurez. Mario sentado en la escalera de madera tenía los ojos grandes y no paraba de refregárselos, como si quisiera despertar;  y Silvia al costado de mi madre; solo ella mostraba algunas lágrimas sin llanto; esas lagrimas que recorrían como ríos transparentes su rostro límpido de ojos claros.

     Luego el hombre, saludo a uno por uno, con un corto abrazo y un beso; se me acercó; tal vez me miraba; tampoco recuerdo ahora si ese rostro sin rasgos me miraba; se detuvo allí un instante; deslizo su mano sobre mi mejilla.  Quizás cambiara de idea; no, sólo subió en aquel auto de mil pesadillas y luego arranco para salir lentamente por el portón de acceso.

     Mis tres hermanos seguían silenciosos mirando salir al lujoso auto que de tanto en tanto pisaba un charco. Invento las edades; que importa… Omar con 13 era el mayor, Mario le seguía con dos años menos, Silvia con 8. yo el menor

   Cuando el auto traspaso el portal, y Mario corrió gritando desaforadamente; nadie lo siguió. Corrió tras el vehículo que se perdía en la lluvia y la niebla hasta quedar agotado y luego se arrodilló en medio de la calle empapado, en medio del barro, en medio de su desolación. Mi madre salió al portal a esperarlo. El auto jamás regreso de la niebla

¿Por qué se fue?..

   Siempre el silencio ocupaba el lugar de una posible mentira; así era ella.  Mario no volvió a preguntar; sabia la respuesta quizás, o quizás no quisiera conocerla con sus perspicaces pocos años. Ella Solamente tomo su mano, y Mario se dejo llevar.

   Hicimos un duelo silencioso en el tiempo; como un rito, como una conjura inescrutable que marcó de manera diferente nuestras vidas.

   Ellos y su dolor…yo…que extraño sentimiento.

   Tal vez me imagine esta historia; tal vez no…

Un comentario sobre “Melancolía

    Adriana escribió:
    13 abril, 2010 en 15:36

    conozco parte de esta historia, dolorosa, pero…… creo que "alguien" a partir de alli, sumado a otros hechos fuertes, salió fortalecido, no???. Tengo esa impresión…

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